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viernes, 15 de diciembre de 2017

La Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas documenta cerca de 9.000 casos de violación a los Derechos Humanos en Argentina en su informe "Nunca Más"

Luego que la democracia fuera devuelta a la Argentina en 1983, con el objetivo de investigar a los miles de desaparecidos durante el gobierno militar. La comisión recibió evidencias acerca de los eventos relacionados con personas desaparecidas y entregó esa información al Presidente Alfonsín el 20 de Septiembre de 1984. La comisión no determinó responsabilidades sino que se encargó de documentar la cronología de los eventos.


La Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personal (CONADEP), fue creada por el Decreto presidencial Nº 187 del 15 de diciembre de 1983 por el presidente Raúl Alfonsín. Con el objetivo de guardar la objetividad, el Poder Ejecutivo decidió que la comisión estuviera compuesta por individuos con prestigio nacional e internacional, elegidos por su consistencia en la lucha por los derechos humanos. Representarían diferentes afiliaciones políticas e ideologías. Las personas elegidas trabajaron ad honorem. Estas fueron:

Por el mismo decreto el Gobierno invitó a las dos cámaras del Congreso a enviar tres representantes para que trabajaran junto con la Comisión. Sólo la Cámara de Diputados envió a representantes:
  • Santiago Marcelino López
  • Hugo Diógenes Piucill
  • Horacio Hugo Huarte

Ernesto Sábato, el 29 de Diciembre de 1983, fue elegido como Presidente de la Comisión. Cinco departamentos fueron creados para tratar los diferentes aspectos de trabajo la responsabilidad de la Comisión:
  • Departamento de Declaraciones, bajo la responsabilidad de la Sra. Graciela Fernández Meijide
  • Documentación y Proceso de información, bajo la responsabilidad del Dr. Daniel Salvador
  • Departamento de Procedimientos, bajo la responsabilidad del Dr. Raul Aragon
  • Asuntos Legales, bajo la responsabilidad del Dr. Alberto Mansur
  • Departamento Administrativo, bajo la responsabilidad del Dr. Leopoldo Silgueira

En el primer considerando del Decreto se sostiene que “la cuestión de los Derechos Humanos trasciende a los poderes públicos y concierne a la sociedad civil y a la comunidad internacional”, debiendo la Comisión tener como objetivo intervenir activamente en el esclarecimiento de los hechos relacionados con la desaparición de personas ocurridos en el país, averiguando su destino o paradero como así también toda otra circunstancia relacionada con su localización. 

Las funciones de la Comisión eran las siguientes:
  1. Recibir denuncias y pruebas sobre aquellos hechos y remitirlas inmediatamente a la justicia si ellas están relacionadas con la presunta comisión de delitos;
  2. averiguar el destino o paradero de las personas desaparecidas, como así también toda otra circunstancia relacionada con su localización;
  3. determinar la ubicación de niños sustraídos a la tutela de sus padres o guardadores a raíz de acciones emprendidas con el motivo alegado de reprimir al terrorismo, y dar intervención en su caso a los organismos y tribunales de protección de menores;
  4. denunciar a la justicia cualquier intento de ocultamiento, sustracción o destrucción de elementos probatorios relacionados con los hechos que se pretende esclarecer;
  5. emitir un informe final, con una explicación detallada de los hechos investigados, a los ciento ochenta (180) días a partir de su constitución.

La justicia, receptora del material logrado por la Comisión en sus investigaciones y procedimientos, sería la encargada de delimitar responsabilidades, y decidir sobre los culpables.

Los miembros de la Conadep recorrieron la Argentina, España, Francia, México y otros países entrevistando a eventuales testigos de violaciones de derechos humanos. Tuvo la virtud de promover la confianza para que esos testimonios salieran a la luz.

La comisión trabajó nueve meses y elaboró un informe de 50.000 páginas que está considerado como un monumento jurídico y uno de los documentos más importantes de la historia de los derechos humanos.

El resultado fue un cuadro aterrador que superó las peores evaluaciones previas. Fundamentalmente quedó en evidencia que las violaciones masivas de derechos humanos fueron ejecutadas sistemáticamente obedeciendo a un plan decidido en los niveles más altos del gobierno militar.

La Conadep documentó acabadamente alrededor de 9.000 casos concretos de violaciones de derechos humanos. Por su seriedad y neutralidad, el "Informe Nunca Más" no sólo constituyó una prueba fundamental en el Juicio contra las Juntas, sino que produjo un impacto cultural de enorme magnitud en la sociedad argentina.


La Comisión relevó miles de casos de abducción, desaparición, tortura y ejecuciones. Cada caso era documentado en un archivo numerado. Se compilaron más de 50,000 páginas de documentación. Un resumen fue publicado en un reporte oficial en el año 1984. Luego de miles de testimonios y hechos horripilantes, la Comisión concluyó con una serie de recomendaciones para iniciar acciones legales contra los responsables.

En primer lugar, los objetivos de la Comisión eran congruentes con la orientación impulsada por el gobierno de juzgar únicamente a las juntas militares. La CONADEP (como indica su nombre) se limitaba a reunir información sobre la identidad de los desaparecidos en base a denuncias y testimonios de sobrevivientes, y a examinar la metodología empleada por la dictadura, sin recurrir a los archivos de la dictadura. Si bien los testimonios de los sobrevivientes estaban llenos de menciones sobre sus secuestradores y torturadores, la Comisión no tenía como propósito develar la identidad de militares ni civiles cómplices, sino dar a conocer la existencia de un plan sistemático de desaparición de personas durante la dictadura. De este modo, la Comisión desestimaba el discurso militar sobre supuestos excesos cometidos durante el gobierno de facto pero, al mismo tiempo, evitaba contribuir con el juzgamiento de los genocidas. Este aspecto fue denunciado por las Madres de Plaza de Mayo que, desde un principio, no apoyaron la formación de la CONADEP.

En segundo lugar, la Comisión se limitó al tratamiento de las desapariciones ocurridas en los primeros años de la dictadura militar, desestimando la investigación de los asesinatos cometidos por la Triple A durante el gobierno de Perón e Isabel. Este recorte temporal respondía a la política del gobierno de evitar el involucramiento de la dirigencia peronista pero también de sus propios correligionarios.

En la realización de sus labores la Comisión contó con la ayuda prestada por los organismos de Derechos Humanos, que aportaron recursos humanos y técnicos, así como toda su consolidada experiencia adquirida durante el período dictatorial, sobre todo la documentación reunida. También contó con elaboraciones efectuadas anteriormente por Naciones Unidas, Organización de los Estados Americanos y diversos organismos internacionales, en relación al tema de las desapariciones en la República Argentina.

La Comisión Nacional debió afrontar la tarea de registrar los nombres y datos de víctimas de la represión desaparecidos, desaparecidos-liberados y muertos. En vista de que esta nómina comprendía muchos miles de nombres, se decidió emprender un trabajo en computación, con la creación de un Banco de Datos. Para ello se obtuvo la colaboración del Centro Único de Procesamiento de Datos (CUPED) que prestó sus equipos y servicios a la Comisión. El CUPED preparó los programas respetivos, y creó un Banco de Datos sobre la base de los listados de Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH), Comité de Defensa de los Derechos Humanos para los Países del Cono Sur (CLAMOR), Organización de los Estados Americanos (OEA), Organización de las Naciones Unidas (ONU), Anti-Defamation League (ADL), etc. Se ingresaron por planillas, que luego se volcaban en el Banco de Datos: apellidos, nombres, edad, documento, fecha de hecho, lugar de desaparición y profesión de las víctimas.

El informe de CONADEP precisa en 8.961 el número de desaparecidos, y en sus tres anexos incluye los datos básicos de cada desaparecido, de aquellos vistos por los sobrevivientes durante su cautiverio y una lista de centros clandestinos. Las listas son presentadas como registros provisorios, ya que como la propia Comisión advierte "muchas desapariciones no han sido denunciadas, por carecer las víctimas de familiares, por preferir éstos mantener reservas o por vivir en localidades muy alejadas de centros urbanos". No incluye el informe a aquellas personas cuyos cadáveres fueron hallados e identificados, ni a quienes sobrevivieron al cautiverio clandestino. Incluyó declaraciones de miembros de las Fuerzas de Seguridad que intervinieron en el accionar represivo. Realizó inspecciones en distintos puntos del territorio nacional; recabó información a las Fuerzas Armadas y de Seguridad y a diversos organismos públicos y privados.

De la investigación efectuada resultó la formulación de denuncias ante la justicia, comprensivas de 1.086 legajos que permiten tener por acreditada la existencia y funcionamiento de los principales centros clandestinos de detención; nómina parcial de “desaparecidos” que fueron vistos con vida en tales centros y de miembros de las Fuerzas Armadas y de Seguridad mencionados por las víctimas como responsables de los graves hechos denunciados.

Según el informe de la CONADEP, el gobierno militar, debido al ejercicio de la facultad de Estado de Sitio, detuvo a 4.029 personas por menos de un año; a 2.296 entre uno y tres años; a 1.172 entre tres y cinco años; a 668 entre cinco y siete años; y a 431 entre siete y nueve años. La CONADEP ha registrado que, por lo menos, 157 detenidos a disposición del Poder Ejecutivo Nacional (PEN) pasaron luego a revistar en la categoría de desaparecidos una vez que se emitió el Decreto disponiendo la libertad de los mismos. Cabe agregar que el uso de esta facultad – poner a disposición del PEN – implicó de hecho la imposición de severas condenas sin formulación de cargos ni juicio previo, por lo que violaba sistemáticamente el derecho a justa defensa.

Por otra parte, muchos de los requerimientos de la Comisión quedaron sin respuesta, al no contestarse satisfactoriamente todos los respectivos pedidos de informes cursados a organismos dependientes de las Fuerzas Armadas. Esta falta de colaboración se evidenció también en la actitud de unos pocos Jueces de Capital y otros de Provincia que devolvieron las notas que la CONADEP les remitía negándole entidad, representatividad o personería. También hubo organismos administrativos y de seguridad a los que se debió recurrir hasta la instancia del presidente de la República para que respondieran a la brevedad, lo mismo que para que se dejara sin efecto la disposición que servía a los integrantes de las Fuerzas Armadas para negarse a responder a las preguntas de la Comisión so pretexto de “secreto militar”, acorde a lo dispuesto por el Decreto Nº 2107/84.

Ver archivo pdf
Una de las consecuencias inmediatas del “Informe Nunca Más”, publicado por la CONADEP el año 1984, fue la apertura y seguimiento de causas contra los responsables de las violaciones de derechos humanos, entre ellas contra los superiores jerárquicos de todo el entramado militar de la dictadura y fue más tarde una importante prueba documental que permitió el juzgamiento a las Juntas Militares en la causa 13/84.
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En el año 2009, el Fondo Documental CONADEP, fue declarado Memoria del Mundo por la UNESCO junto a otros 18 archivos del Patrimonio Documental sobre Derechos Humanos en Argentina relativo al período 1976-1983

El 20 de septiembre de 1984, el Presidente de la Nación Argentina, Raúl Ricardo Alfonsín recibía en la Casa de Gobierno el informe final de la CONADEP sobre la desaparición de personas. En nombre del poder Ejecutivo, destacaba la necesidad de conocer la verdad como base de la futura “unidad” y “reconciliación” nacional. El informe, representaba, según Alfonsín,  
“un aporte fundamental para que, de aquí en adelante, los argentinos sepamos cabalmente, por lo menos, cuál es el camino que jamás deberemos transitar en el futuro. Para que nunca más el odio, para que nunca más la violencia perturbe, conmueva y degrade a la sociedad argentina”
Ernesto Sábato (centro) entrega el informe al Presidente Alfonsín (derecha)
Aún no se encontraba definida la instancia judicial que evaluaría la información reunida en el Nunca Más. En diciembre de 1983, el gobierno radical había derogado la ley de amnistía, estableciendo por decreto el procesamiento de las cúpulas guerrilleras y la persecución penal de las Juntas militares. Mientras la CONADEP se reunía con el presidente en la Casa de Gobierno, unas 70 mil personas se concentraban en Plaza de Mayo para marchar hacia los Tribunales en reclamo de justicia civil. Hasta ese momento no estaba claro si el juzgamiento de los responsables iba a quedar en manos de la justicia civil o militar. A los pocos días, el Consejo Supremo de las FF.AA. declaró legítimas las órdenes dadas por las juntas militares, y el tratamiento jurídico quedó a cargo de la Cámara Federal.

Teoría de los dos demonios
Durante la década del ‘70 la Argentina fue convulsionada por un terror que provenía tanto desde la extrema derecha como de la extrema izquierda...” y a continuación se indica: “a los delitos de los terroristas, las Fuerzas Armadas respondieron con un terrorismo infinitamente peor que el combatido, porque desde el 24 de marzo de 1976 contaron con el poderío y la impunidad del Estado absoluto, secuestrando, torturando y asesinando a miles de seres humanos”. Así comienza el prólogo escrito por Ernesto Sábato que acompaña el informe que publicó la editorial EUDEBA como libro. En este texto se resume la interpretación que el gobierno de Alfonsín intentó imponer, con la colaboración inestimable de los miembros de la CONADEP, sobre lo sucedido en los ’70 y las respuestas dadas por los militares durante los siete años de gobierno de facto.

En esta interpretación, que equipara los crímenes del terrorismo de Estado con el accionar de las organizaciones armadas de los ’70 (la llamada “teoría de los dos demonios”), se oculta que el golpe militar tenía por objetivo liquidar a todos los activistas y referentes obreros. Porque al momento del golpe la guerrilla estaba diezmada, mientras que la clase obrera se enfrentaba a la burocracia sindical peronista y a las patronales. En esos años, los trabajadores construyeron las Coordinadoras Interfabriles, desde donde organizaron las huelgas y movilizaciones de masas que lograron destituir al ministro de economía Celestino Rodrigo y a José López Rega, uno de los principales organizadores de la Triple A. La clase obrera, que tenía como aliado al movimiento estudiantil, iniciaba un proceso de enfrentamiento con el peronismo en el poder. Un movimiento obrero, que aún quebrada sus organizaciones de base y desaparecidos sus principales dirigentes, continuó resistiendo durante la dictadura.

Un segundo prólogo
El segundo prólogo del Nunca Más, publicado a 30 años del aniversario del golpe, si bien reivindicó el informe de la CONADEP, cuestionó la teoría de los dos demonios: “es inaceptable –señala el nuevo texto- pretender justificar el terrorismo de Estado como un juego de violencias contrapuestas…”, y agrega que al momento del golpe militar de 1976 “la guerrilla ya había sido derrotada militarmente…”. Este prólogo, escrito por el entonces secretario de Derechos Humanos de la Nación, se ubicaba a la izquierda del escrito por Sábato, pero no daba cuenta del ascenso obrero-estudiantil, y en consecuencia, de los objetivos contrarrevolucionarios del golpe.

El juicio a las juntas
Los acusados fueron los integrantes de las tres primeras juntas militares: Jorge Rafael Videla (Comandante en Jefe del Ejército entre 1976 y 1978), Emilio Eduardo Massera (Comandante en Jefe de la Armada entre 1976 y 1978) y Orlando Ramón Agosti (Comandante en Jefe de la Fuerza Aérea, entre 1976 y 1978) que conformaron la primera junta militar (1976 – 1980); Roberto Eduardo Viola (Comandante en Jefe del Ejército, entre 1978 y 1979), Armando Lambruschini (Comandante en Jefe de la Armada, entre 1978 y 1981), Omar Domingo Rubens Graffigna (Comandante en Jefe de la Fuerza Aérea, entre 1978 y 1979), que formaron parte de la segunda junta militar (1980-1981); y Leopoldo Fortunato Galtieri (Comandante en Jefe del Ejército, entre 1979 y 1982), Jorge Isaac Anaya (Comandante en Jefe de la Armada, entre 1981 y 1982), Basilio Lami Dozo (Comandante en Jefe de la Fuerza Aérea, entre 1979 y 1982), que integraron la tercera (1981-1982).

Entre el 11 y el 18 de septiembre de 1985 el fiscal Julio César Strassera realizó el alegato de la fiscalía, que luego ha sido considerado como una pieza histórica. La fiscalía consideraba que la responsabilidad por cada delito debía ser compartida por los miembros de cada junta a la que se le había probado participación. Finalmente el tribunal no aceptó este criterio, sosteniendo que las responsabilidades debían ser asignadas por cada fuerza armada, lo que produjo una considerable reducción de las penas para los miembros de la Fuerza Aérea.

Strassera cerró su alegato con esta frase:
Señores jueces: quiero renunciar expresamente a toda pretensión de originalidad para cerrar esta requisitoria. Quiero utilizar una frase que no me pertenece, porque pertenece ya a todo el pueblo argentino. Señores jueces: "Nunca más".

El 9 de diciembre de 1985, la Cámara Federal dictó sentencia en el marco del Juicio a las Juntas Militares (Causa 13. Año 1985). La sentencia confirmaba la noción de un plan sistemático de exterminio, justificaba la fuerza probatoria de los testigos y descalificaba los argumentos de la defensa. Sin embargo, las condenas fueron menores que las pedidas por el fiscal en su alegato.

Los únicos que recibieron la pena de prisión perpetua fueron los integrantes de la primera Junta Militar, mientras que los de la tercera fueron absueltos.

Indultos
El 29 de diciembre de 1990 el presidente Carlos Menem dictó el Decreto 2741/90 indultando a los cinco condenados (ver post). El citado decreto integra lo que ha dado en llamarse en Argentina las leyes de impunidad, junto con los indultos a otros criminales de lesa humanidad también dictador por Menem, y las leyes de Punto Final (1986) y Obediencia Debida (1987), sancionadas a iniciativa del presidente Raúl Alfonsín.

En 2003, durante la presidencia de Néstor Kirchner, se inició un proceso de cuestionamiento judicial de la constitucionalidad de los indultos que finalizó en 2010 con un fallo de la Corte Suprema de Justicia confirmando las nulidades de los mismos decididas por los tribunales inferiores y ordenando que los condenados en el Juicio a las Juntas cumplieran las condenas que se les habían impuesto.


miércoles, 1 de noviembre de 2017

Las batallas de Coronel y Malvinas (1914)

A mediados del otoño de 1914, la lucha en el frente occidental ya se dirigía a un punto muerto después de que la primera Batalla de Marne finalmente detuviera el avance alemán. Pero si los soldados británicos estaban pagando un alto precio en los campos del norte de Europa, su armada se vio impulsada por un temprano éxito en la Batalla de Heligoland Bight. El 28 de agosto, la flota británica, formada por submarinos y destructores, montó ataques contra patrullas alemanas frente a la costa de su base del Mar del Norte en Wilhemshaven. La batalla se libró en una confusión de niebla y neblina, pero terminó con tres cruceros alemanes y un destructor hundido. No se perdieron barcos británicos y, de regreso a casa, la batalla fue vista como una gran victoria: los barcos que regresaban eran recibidos por multitudes entusiastas y sus almirantes tratados como héroes. 

El imperio británico había gobernado las olas durante generaciones, por lo que la derrota en Coronel, frente a las costas chilenas dos meses después, envió ondas de choque a través de su imperio y más allá.

Los alemanes obtuvieron una victoria rotunda, hundiendo a dos de los cuatro barcos británicos con la pérdida de más de 1.600 vidas. Ni un solo marinero alemán murió.

No solo fue la primera derrota naval de la Primera Guerra Mundial en Gran Bretaña, sino que fue la primera en el mundo en más de un siglo, desde la guerra de 1812 contra los Estados Unidos.

Los británicos respondieron rápida y enérgicamente. Despacharon barcos desde el Mar del Norte hasta el Atlántico Sur y se enfrentaron a los alemanes en las Islas Malvinas cinco semanas después.

Esta vez, los británicos ganaron. Hundieron cuatro naves alemanas, matando a más de 1.800 marineros. Todos sus propios barcos sobrevivieron.

La Batalla de Coronel
La Royal Navy, con ayuda japonesa, había pasado meses buscando el escuadrón de corsarios que amenazaban el tráfico comercial del este asiático que se sabía que operaba al mando del almirante Spee en el Pacífico (Spee se había trasladado desde aguas lejanas del este una vez que Japón ingresó en la guerra), sin éxito.

von Spee
Maximilian Johannes Maria Hubert, Graf (conde) von Spee (nacido el 22 de junio de 1861 en Copenhague, Dinamarca, ingresó a la marina alemana en 1878, y en 1887-88 comandó el puerto en el Camerún alemán. En 1908 fue nombrado jefe de personal del Comando del Océano Alemán (Mar del Norte) y, a fines de 1912, fue nombrado comandante del Escuadrón del Lejano Oriente. Cuando comenzó la Primera Guerra Mundial, Spee estaba en las Islas Carolinas. La declaración de guerra de Japón contra Alemania (22 de agosto de 1914) lo llevó a abandonar sus planes de operaciones en aguas chinas y dirigirse a Sudamérica, después de bombardear Tahití el 22 de septiembre, 

Las noticias llegaron a los británicos, a partir de una comunicación de radio interceptada, a principios de octubre, revelando detalles de un plan ideado por Spee para aprovechar el envío en las cruciales rutas comerciales a lo largo de la costa oeste de Sudamérica. Patrullando América del Sur en ese momento era el Escuadrón de las Indias Occidentales del almirante Sir Christopher Cradock, que consistía en dos cruceros blindados, Good Hope (buque insignia de Cradock) y Monmouth, el crucero ligero Glasgow , y un mercante convertido, el Otranto .

Cradock
Oriundo de Yorkshire, nació en Hartforth Hall, cerca de Richmond, en North Yorkshire, en 1862. Fue enviado a la escuela de entrenamiento de oficiales de la Royal Navy en la costa sur a la edad de 12 años. 

La flota de Cradock no era de ninguna manera moderna o especialmente fuerte, y sin duda incompatible con la formidable fuerza de cinco barcos de Spee, liderada por los cruceros blindados Scharnhorst y Gneisenau más otros tres cruceros ligeros, todos modernos y eficientes. Sin embargo, se le ordenó tratar con Spee.

El 18 de octubre, Spee, después de haber oído hablar de la existencia en solitario del Glasgow, partió con los cinco buques de guerra de Valparaíso con la intención de destruirlo.

Cradock, que era consciente de que su envío fue superado por el de Spee, mientras tanto había estado esperando con la esperanza de refuerzos navales. En caso de que el Almirantazgo enviara solo la Defensa, un crucero blindado, y Canopus, un barco de guerra anciano, este último enviado desde Londres. Ninguno llegó a Cradock antes de que la batalla comenzara inesperadamente el 1 de noviembre de 1914.

Eventualmente decidió que no podía esperar más por los refuerzos retrasados, Cradock decidió navegar desde las Islas Falkland a un punto de encuentro predeterminado con el Glasgow at Coronel, este último había sido enviado allí para reunir información de inteligencia.

En este punto, el Primer Lord del Almirantazgo, Winston Churchill, en Londres dio órdenes a Cradock el 28 de octubre ordenándole que se detuviera, a la espera de un posible refuerzo por parte de la armada japonesa. Es discutible si Cradock realmente recibió las instrucciones de Churchill; en cualquier caso, poco después ordenó a su escuadrón adoptar una formación de ataque.

Para Cradock había recibido noticias, nuevamente mediante una señal de radio interceptada el 31 de octubre, de que Leipzig, el crucero ligero más lento en la flota de Spee, estaba en el área. Inmediatamente ordenó a su escuadrón del norte que lo detuviera, y en su lugar se encontró enfrentando a toda la fuerza de Spee al día siguiente alrededor de las 4.30 p.m.

En esta etapa, es probable que la fuerza británica pudiera haber escapado navegando hacia Canopus, luego a unas 300 millas al sur; con la luz que falla, es probable que Spee haya perdido contacto con el escuadrón británico. En cambio, Cradock eligió quedarse y luchar; sin embargo, ordenó a Otranto que rompa la formación y huyera.

Con los mares difíciles (en detrimento de los británicos), Spee reaccionó sacando sus buques más rápidos del campo de tiro de Cradock; al atardecer con la luna recortando claramente la flota de Cradock, comenzó a bombardear la fuerza de este último, con el tercer ataque de Scharnhorst paralizando al buque insignia Good Hope; tanto el Good Hope como el Monmouth fueron destruidos poco después, sin que hubiera supervivientes.


El Glasgow y Otranto escaparon (aunque el primero sufrió cinco ataques). La flota propia de Spee había sufrido poco daño, y navegó posteriormente a Valparaíso para recibir una entusiasta bienvenida de la población alemana local.

Así terminó la Batalla de Coronel, 1.660 marineros británicos, incluido Cradock, habían muerto en el peor desastre naval de Gran Bretaña durante 100 años. Fue un golpe terrible que cuestionó el control británico de los mares. El Almirantazgo y su Primer Lord, Winston Churchill, criticaron las acciones de Cradock pero en un nuevo libro, Steve Dunn intenta restaurar la reputación de Cradock y demostrar que él no tuvo la culpa del desastre. 

Dunn ha pasado los últimos 20 años investigando tanto a Cradock como a los eventos previos a la desafortunada batalla. Dice 
"En gran parte ha sido olvidado y los historiadores que lo mencionaron generalmente siguieron la línea de Churchill de que desobedeció las órdenes, y quiero corregir eso"
A Cradock se le encomendó la tarea de interceptar un escuadrón alemán bajo el mando del vicealmirante Graf von Spee, que se temía causaría estragos en los barcos que llevaban suministros vitales de Sudamérica a Gran Bretaña. 

HMS Monmouth
Tenía dos cruceros más viejos, el HMS Good Hope y el HMS Monmouth, junto con un crucero ligero y un barco auxiliar, contra una fuerza alemana superior. Dunn dice que Cradock le había dicho a los superiores que necesitaba refuerzos, pero que tanto Churchill como el Almirantazgo le habían dicho que tenía suficientes recursos para hacer el trabajo. Dice Dunn:
"No quiero que la gente piense que este libro es un ataque contra Churchill, que se convirtió en uno de nuestros mayores líderes de guerra, pero en 1914 estaba al comienzo de su carrera naval y política y quería echarle la culpa a la catástrofe".
Parece que hubo cierta confusión sobre las órdenes de Cradock, y Churchill le dijo a sus colegas del gabinete que había sido "insubordinado". Casi una década después, en su libro The World Crisis (La crisis mundial), Churchill una vez más intentó identificar la responsabilidad de la calamidad en Coronel en Cradock: 
"No puedo aceptar que el Almirantazgo participe de la responsabilidad de este desastre". 
Pero durante su investigación, Dunn descubrió una cita de un sobreviviente de la batalla que dijo: 
"Sin importar cuán pesada sea la pluma de Churchill, no puede explicar el terrible hecho de que las autoridades de su país cometieron un error y no el almirante Cradock". 
Entre los que defendieron a Cradock estaba su amigo y ex almirante, Francis Bridgeman. Escribió una reprimenda picante a Churchill en 1923, que comenzó una guerra de palabras entre los dos hombres llevada en la prensa. Escribió una carta al Yorkshire Post en abril de ese año que llevó al periódico a publicar un editorial medido sobre la controversia. Finalmente, el furor se calmó y Cradock desapareció de la vista. Hoy, la gente podría preguntarse por qué Cradock decidió enfrentarse a von Spee a pesar de que sabía que casi con certeza terminaría en derrota, pero Dunn señala que no obedecer sus órdenes en la marina británica fue visto como un suicidio profesional:
"Cradock recibió órdenes de hundir a von Spee y le dijeron que tenía suficientes barcos para hacerlo. Cuestionó sus instrucciones, pero sus preocupaciones fueron ignoradas y no le quedó otra opción." 

La Batalla de Malvinas
A primeras horas del 4 de Noviembre, el cónsul británico en Valparaíso envió un telegrama al Almirantazgo con las noticias de la destrucción de la escuadra de Cradock, por lo que el Almirante sir John Arbuthnot Fisher tuvo que hacer frente a este problema para reafirmar el prestigio de la Royal Navy.

Luego de su breve escala en Valparaíso, la flota de Spee se reunió nuevamente en mar abierto con los demás cruceros. Se completó la concentración con el Baden, el Dresden y el Prinz Eitel Friedrich. El 15 de Noviembre Spee partió con el Scharnhorst, el Gneisenau, el Helicon, Dresden y Leipzig e hizo escala en la Bahía de San Quintín.

SMS Scharnhorst
Antes de partir, hubo una reunión a bordo del Scharnhorst con todos los oficiales superiores, en la que Spee, en contra de lo acordado en San Quintín de volver a Europa, decidió atacar las instalaciones portuarias de Malvinas; pese a las objeciones de casi todos los oficiales, que argumentaban que estaban a la mitad de municiones, por lo que habían gastado en Coronel. El 6 de Diciembre, Spee se adentró en el Atlántico.

Sturdee
Una vez que la noticia de la magnitud de la derrota británica y su consiguiente humillación llegó al Almirantazgo británico en Londres, el Almirantazgo decidió el alistamiento y envío inmediato un fuerte escuadrón naval al mando del Almirante Sir Frederick Charles Doveton Sturdee. 

Doveton Sturdee nació en 1859 en Lewisham, localidad cerca de Londres, y provenía de una familia con rancias tradiciones navales; Doveton Sturdee ingresó a la Royal Navy en julio de 1871 a la edad de 12 años en New Cross y luego como cadete en el buque-escuela Britannia, sirvió en la Estación Naval de las Indias Orientales, ascendiendo a guardiamarina en 1872. En 1880, fue ascendido a teniente después de especializarse en la Escuela de Torpedos en Portsmouth.

Sturdee sirvió desde 1887 a 1890 a bordo del HMS Bellerophon como oficial torpedero hasta alcanzar el grado de oficial instructor. En 1893 fue ascendido a comandante y enviado al Ministerio de Marina como Director de Artillería.

En 1897 fue enviado a la Estación Naval de Australia como comandante del HMS Porpoise, en 1899 fue mediador entre los intereses alemanes y estadounidenses por las islas Samoa. En 1905 fue nombrado Jefe de Estado Mayor de la "Flota del Mediterráneo" y en 1907 es nombrado Jefe de Personal de nuevo en Portsmouth.

En 1910 Sturdee es promovido a contralmirante y en 1913 es ascendido a vice-almirante y nombrado comandante de flota de cruceros de la Royal Navy hasta el advenimiento de la Gran Guerra.

Al estallar el conflicto de 1914 Sturdee fue nombrado Jefe de Estado Mayor de Guerra bajo la dependencia del entonces Primer Lord del Almirantazgo, Luis de Battenberg.

Sturdee fue acusado de grave negligencia por ignorar las peticiones de ayuda del almirante Sir Christopher Cradock, quien reclamaba a Sturdee el envío de buques para reforzar su débil 4.ª Escuadra de cruceros livianos, la cual fue finalmente aniquilada por los alemanes en dicha batalla frente a las costas de Chile.

A petición de Winston Churchill, Sturdee en persona fue enviado a bordo del HMS Invincible con la única misión de destruir la agrupación alemana de Spee apenas se asomara en las Islas Malvinas, para ello contaba además con el crucero HMS Kent y el acorazado HMS Inflexible 

Apenas llegada las noticias de la grave derrota a Londres, Otra medida, fue emplazar el acorazado HMS Canopus para la defensa de Stanley, la capital de las Islas Malvinas. A donde llegó el 12 de noviembre, con serias averías en sus máquinas, por lo que se decidió vararlo como batería de defensa de costa en Stanley Harbour. 

HMS Canopus
El crucero de batalla HMS Invincible. Poseía una potencia de fuego, blindaje y velocidad netamente superior a cualquier crucero acorazado. El HMS Inflexible era de la misma clase. Su armamento principal eran 8 cañones de 305 mm y desarrollaba una velocidad de 25 nudos.
HMS Invincible
Así, cuando en la mañana del 8 de diciembre aparecieron los barcos alemanes, los británicos estaban preparados. El Canopus abrió fuego inmediatamente con sus piezas de grueso calibre y obligó a los cruceros alemanes a mantenerse a distancia. Los alemanes se acercaron al Kent, que había salido a dar batalla, pero en ese momento avistaron la flota inglesa y Spee decidió retirarse, ordenando a los dos buques que se unieran a la flota. A las 10 todas las unidades de Sturdee estaban a la mar. 

El 8 de diciembre de 1914, el escuadrón alemán de von Spee se aproximaba desde el sur hacia Stanley en una clara y tranquila mañana. Confiaba en encontrar ese pequeño enclave británico desguarnecido, desembarcar marinería y destruir las instalaciones de radio y abastecimiento de carbón de la armada británica, así como los buques que se pudieran encontrar allí fondeados. 

La oportuna intervención del veterano acorazado HMS Canopus contribuyó a la destrucción de la escuadra de cruceros de von Spee

Von Spee desconocía que el día anterior, el 7 de diciembre había arribado a Stanley un poderoso escuadrón británico. Los dos letales cruceros de batalla británicos se encontraban fondeados en las más profundas aguas de Port Williams, fuera de Stanley Harbour, donde se encontraban los cruceros acorazados. Casi todos ellos realizaban el reabastecimiento de carbón y la reparación de las averías producidas en tan larga singladura.

En Sapper Hill los británicos habían establecido un puesto de observación para el tiro de artillería del HMS Canopus, enlazado por teléfono. Gracias a la altura y excelente visibilidad reinante ese día, detectaron a gran distancia la escuadra alemana, pudiendo dar la alerta a los navíos británicos. Esto era de suma importancia, teniendo en cuenta que se emplearon cerca de dos horas para levantar presión de vapor. Desde Sapper Hill fueron guiados los cañones de 305 mm del HMS Canopus que abrieron fuego indirecto sobre los buques más adelantados el SMS Gneisenau y SMS Nürnberg, sin ocasionarles daño. La avanzadilla alemana proseguía su acción cuando llegó la orden de von Spee de suspender el ataque y retirarse. Así el almirante alemán perdió la oportunidad de destruir la flota inglesa inmovilizada en su fondeadero. 

Doveton Sturdee aprovechó muy bien dos errores tácticos del almirante alemán Maximilian von Spee, (quien demoró viarias semanas en la costa de Chile, y ya en estando en las costas de las Malvinas rehusó iniciar combate pese a sorprender desprevenida la flota británica surta en puerto y sin los fuegos encendidos), Sturdee logró engañar y hacer huir a la escuadra alemana de Puerto Stanley persiguiéndola, logrando destruirla en altamar decisivamente el 14 de diciembre de 1914, escapando solamente el SMS Dresden gracias a su velocidad. La escuadra de Spee había quedado casi completamente destruída. Las pérdidas humanas en el bando alemán fueron gravísimas - 2.040 hombres – incluyendo al propio Spee y sus dos hijos, oficiales también de la marina, contra sólo 6 bajas en las unidades británicas.

SMS Dresden
El Dresden mientras tanto logró escapar, refugiándose en el lado Oeste del Cabo de Hornos, en la bahía Sholl. La búsqueda del Dresden por lo buques británicos duró tres meses. El buque se refugió en la bahía Hewett hasta el 26 de Diciembre, luego en la bahía Weinachts donde se le unió el buque nodriza Sierra Cordoba el 19 de Enero. El 21 Berlín le ordenó volver a Alemania, pero su capitán, Lüdecke, decidió ir al área de Juan Fernández, donde hundió a un pequeño velero británico. El Dresden no tenía más carbón para salir a mar abierto por lo que se quedó allí.

El 14 de Enero tres buques británicos, el Glasgow, Orama y Kent, lo avistaron y como se había quedado en esta isla neutral más tiempo que las 24 horas autorizadas, rompieron fuego sobre el Dresden, el que retornó el fuego, pero en tres minutos había sufrido tanto daño que Lüdecke izó la bandera blanca. Los buques británicos pararon el fuego y enviaron un bote con un negociador. Mientras Luce hablaba con el Tte. Canaris (luego Almirante en la 2ª Guerra Mundial) Lüdecke detonó su arsenal mientras la tripulación abandonaba a salvo el barco, el que se hundió de inmediato.


¿Un intento alemán de conquistar y devolver las Malvinas a la República Argentina? 
El audaz intento de desembarco de von Spee dio lugar a una serie de interrogantes, que hasta el día de hoy no se han podido despejar. Algunos hechos podrían sustentar la hipótesis de que las intenciones alemanas eran mucho más ambiciosas que la mera destrucción de una estación radioeléctrica e instalaciones de abastecimiento de carbón. 

El escuadrón alemán se había reaprovisionado de carbón en proximidades del Cabo de Hornos, oportunidad en que von Spee reunió a los comandantes de sus cruceros. Fuentes históricas afirman que cuando el almirante alemán expresó su intención de atacar Stanley, éstos se opusieron aconsejando proseguir directamente hacia Alemania. ¿Qué llevó a este astuto marino alemán desechar una prudente propuesta? 

Otros datos aseguran que el 4 de diciembre de 1914, zarparon desde el Río de la Plata dos buques mercantes auxiliares de la Marina Imperial Alemana, el Mera y el Elinore Woermann. Estos vapores de carga transportarían en sus bodegas cemento, rollos de alambre de púas, equipo para construir trincheras y fortificaciones, así como provisiones. Habrían enfilado hacia las Malvinas, y regresaron nuevamente al estuario rioplatense el 11 de diciembre, tres días después de la pérdida del escuadrón alemán. ¿Si solamente intentaban destruir una estación de radio y seguir su marcha hacia Europa, que objeto tendría llevar grandes cantidades de material de fortificación? También se afirma que otros dos buques mercantes, en este caso para transporte de carbón, el Baden y el Santa Isabel fueron hundidos por la armada británica a 80 km de las islas durante la noche del 8 de diciembre. Otra enigmática presencia fue la del trasatlántico alemán Seydlitz, que se presume podría tener como misión el transporte de “voluntarios” proveniente de la comunidad alemana residente en Chile para un eventual refuerzo de la defensa de las Islas Malvinas 



25 años después
Un pequeño acorazado alemán llamado "Graf Spee" rondaba las aguas del Atlántico Sur. Los británicos llegaron a considerar probable un ataque a las Islas Malvinas en esos días, El comodoro Harwood comandaba la División de América del Sur, con base en Malvinas. Entre los objetivos probables, además de las Islas Malvinas, se encontraba el Río de la Plata y Río de Janeiro. 

El Graf Spee - 1939
Acertó en su elección adivinando que el Graf Spee se dirigía hacia el Río de la Plata, punto de origen de un impoertante tráfico de buques mercantes con destino a Gran Bretaña y lo enfrentó en la Batalla del Río de la Plata el 13 de diciembre de 1939. Solo cinco días después del 25 aniversario de la batalla de Malvinas, los barcos de la Royal Navy con asiento en el archipiélago se enfrentaban con el Graf Spee...

Aunque no lo derrotaron en combate, lo obligaron a buscar refugio en Montevideo, de donde no pudo salir de la trampa, debido a que ya no tenía sufientes municiones para enfrentar a la flota británica que estaría esperándolo a la salida del estuario; por lo que fue hundido por su propia tripulación. Ver el post "13 de diciembre de 1939 - Batalla del Río de la Pata"




martes, 17 de octubre de 2017

Cine e Historia - "Un puente demasiado lejos"


Título original: A Bridge Too Far
Año: 1977
Duración: 175min.
País: Reino Unido
Director: Richard Attenborough.
Guión: William Goldman (Novela: Cornelius Ryan).
Productora: United Artists
Reparto:  Sean Connery,  Edward Fox,  James Caan,  Dirk Bogarde,  Michael Caine, Robert Redford,  Anthony Hopkins,  Liv Ullmann,  Maximilian Schell,  Gene Hackman, Ryan O'Neal,  Laurence Olivier,  Elliott Gould,  Hardy Krüger,  Siem Vroom, Marlies van Alcmaer,  Wolfgang Preiss,  Josephine Peeper,  Paul Maxwell, Walter Kohut,  Peter Faber,  Frank Grimes,  Jeremy Kemp,  Donald Pickering, Donald Douglas,  Peter Settelen,  Stephen Moore,  Michael Byrne,  Paul Copley, Nicholas Campbell,  Gerald Sim,  Harry Ditson,  Erik Chitty,  Brian Hawksley, Colin Farrell,  Christopher Good,  Norman Gregory,  Alun Armstrong,  Anthony Milner, Barry McCarthy,  Lex van Delden,  Michael Wolf,  Tim Beekman,  Edward Seckerson, Tom van Beek,  Arthur Hill.
Música: John Addison. 
Fotografía: Geoffrey Unsworth.
Premios: 1977: Premios BAFTA: Mejor actor secundario (Edward Fox) y fotografía. 6 nominaciones

Sinopsis: En septiembre de 1944, alentados por el éxito de la invasión de Normandía, los aliados emprendieron con determinación la operación "Market Garden", un arriesgado plan para poner fin lo antes posible a la guerra, invadiendo Alemania y destruyendo la industria bélica de Hitler. La clave era conquistar varios puentes por los que pasarían las tropas. No obstante, las estrategias en el campo de batalla, combinadas con los errores del servicio de información, la mala suerte y las pésimas condiciones climáticas condujeron la operación a un completo desastre.


Ante la detención del avance aliado en la frontera alemana, el mariscal Montgomery planea una audaz operación aerotransportada, denominada en clave Market Garden, que tiene como objetivo la captura de cuatro puentes estratégicos para invadir Alemania desde Holanda. De ellos, el objetivo crucial se encuentra en Arnhem, donde la captura del puente sobre el Rin es la clave de toda la operación. Dicho objetivo queda asignado a la 1ª división aerotransportada británica del general Roy Urquhart (Sean Connery), que se verá situado en el centro de una durísima batalla por el control del estratégico puente de Arnhem.

Roy Urquhart es interpretado en la película por Sean Connery
La acción nos traslada a septiembre de 1944. El Alto Mando aliado, entusiasmado por el éxito de Normandía y la liberación de más de media Francia, incluyendo París, concibe una ambiciosa operación para poner fin rápidamente a la guerra. Esta consiste en una combinación de audaces golpes de mano tras las líneas alemanas, una cadena de tres ataques simultáneos en la ruta que va del noreste de Francia al centro de Holanda para, desde allí, una vez despejado el panorama de enemigos, cruzar la frontera alemana directamente hacia el corazón industrial del Reich, y así ocuparlo y destruirlo y obligar a Hitler a rendirse. El punto decisivo: el puente que las tropas blindadas angloamericanas han de cruzar para cumplir con los objetivos, en la ciudad holandesa de Arnhem. La toma de este puente se convierte en el hecho central de la operación, pero las deficiencias estratégicas, producto de la ansiedad y la precipitación, las condiciones climáticas, la enconada resistencia alemana, subestimada por culpa de los errores de los servicios de inteligencia, y unas buenas dosis de mala suerte, se conjugarán para dar un buen revés a los Aliados.

Lo más destacable de esta película es la rigurosidad, histórica en la narración de los hechos y combates que se produjeron, y las causas de la derrota aliada (mal funcionamiento de las radios, fuerte resistencia alemana, mal tiempo). Por otra parte, el apartado técnico es magnífico.

El filme tiene una pequeña introducción que hace hincapié en la animadversión mutua entre los generales Montgomery (británico, en el norte) y Patton, (norteamericano, en el sur); no había suministros suficientes para ambos ejércitos, y cada uno de ellos quería ser el vencedor sobre Alemania. "Cada uno de ellos quería ser el primero en llegar a Berlín", señala. Puede ver la película aquí


Antes de sumergirnos en la historia, quisiera agregar que la película se conoció en España como "Un puente lejano". Personalmente, opino que es mucho mejor el título con que fue exhibida en hispanoamérica. Además de ser más fiel la traducción, da una mejor idea de lo exageradamente ambicioso de su propósito, que terminaría en el sacrificio inútil de muchos hombres.


Mientras los Ejércitos aliados se aproximaban lentamente a las fronteras de Alemania, la resistencia enemiga se endurecía. El general Dempsey, que dirigía las operaciones del Ejército 2 británico, advertía continuas señales de la cada vez más resuelta defensa opuesta por los alemanes. Muchas veces, sus vanguardias se vieron forzadas a detenerse frente a las unidades formadas por la Hitler Jugend. Estos combatientes fanáticos, atrincherados en grupos aislados de casas u ocultos en los pantanos inaccesibles, defendían con encarnizamiento las puertas de su patria. Fue en estas circunstancias cuando Montgomerv concibió el plan de romper rápidamente la linea defensiva alemana mediante una serie de lanzamientos de paracaidistas. Esperaba que la conquista de determinado número de puentes entre la frontera holandesa y el Bajo Rhin abriría camino al Ejército 2, permitiéndole avanzar velozmente a través de Holanda para penetrar en las llanuras de Alemania septentrional. Teniendo en cuenta que el impulso inicial del avance aliado había experimentado una disminución de su ritmo a fines de la primera semana de septiembre, Montgomery tuvo la seguridad de que aquel era precisamente el momento más oportuno para emplear las fuerzas aerotransportadas. Tras la conquista de los puentes holandeses, podrían lanzar el Ejército 2 a un ataque que le situaría en un extenso frente vuelto hacia el Este, entre Arnhem y Zwolle; por lo tanto, una vez constituida una profunda cabeza de puente a través del Ijseel Meer, se encontraría en una posición muy fuerte, desde la que podría desencadenar aquel “poderoso y violento golpe al corazón de Alemania” que había decidido lanzar. Los principales puentes por conquistar eran cinco: uno, en el canal Wilhehnina, a más de 30 km de la frontera holandesa; otro. en el canal Zuid Willensvaart, 16 km más al Norte, y los otros tres, respectivamente, en el Mosa, en el Waal y en el Bajo Rhin. Se lanzaría una división del Ejército aerotransportada en la zona comprendida entre Eindhoven y Uden, con el fin de conquistar los dos puentes sobre los canales y para desembarazar el camino entre uno y otro; una segunda división debería asegurarse la posesión del puente sobre el Mosa, en Grave, y del que cruza el Waal, en Nimega, mientras una tercera seria lanzada en Arnhem para ocupar el punto de cruce del Bajo Rhin, de 135 metros de ancho. Se trataba de un plan ambicioso, pero audaz y genial, y de haber tenido éxito las ventajas habrían sido incalculables. En efecto, se habría envuelto la Línea Sigfrido, con lo que los Aliados hubieran dispuesto de un trampolín de lanzamiento para entrar en territorio alemán, y además, una vez que Ejército 2 hubiese iniciado su avance hacia el Ijssel Meer, todas las unidades alemanas presentes en Holanda occidental habrían quedado aisladas.

Cuando el general Urquhart fue convocado al puesto de mando de su Cuerpo de Ejército, no tardó en darse cuenta de que se trataba verdaderamente de un cometido dificilísimo. El comandante del Cuerpo de Ejército, teniente general F. A. M. Browning, le Comunicó que la División 101 norteamericana efectuaría el lanzamiento al norte de Eindhoven para conquistar la ciudad, los cuatro puentes ferroviarios y de carreteras sobre el río Aa y el canal Zuid Willemsvaart, en VecheL así como los puentes sobre el Dommel, en St. Oedenrode, y sobre el canal Wilhelmina, en Son. Al mismo tiempo, la División 82 norteamericana conquistaría los puentes sobre el Mosa, en Grave, y sobre el Waal, en Mimega Luego, Browníng, trazando otro amplio circulo sobre el plano cubierto con una espesa hoja de material transparente,”con un amplio gesto de la mano”, como relató Urquhart, habla rematado: “Este es el puente de Arnhem, es preciso poseerlo a toda costa”. La operación, a la que se denominó convencionalmente “Market Garden”, era la operación de desembarco aéreo más ambiciosa que se había proyectado hasta entonces. A pesar de ello. se tuvo que proyectar en todos sus detalles en sólo seis días. Y la elaboración del plan presentaba enormes dificultades. Los mayores problemas, relacionados con las misiones específicas de la división de Urquhart, eran dos: la penuria de aviones de transporte y la convicción de que la artillería antiaérea en el sector de Arnhem era demasiado potente para permitir el lanzamiento de las inmediatas proximidades del puente y en ambas orillas del río. La prioridad en lo que respecta a aviones, afirmó Browning cuando Urquhart le pidió un número mayor para la división británica, debía concederse a los norteamericanos. Era obvio que la conquista del puente de Arnhem no tendría ninguna finalidad si los norteamericanos no lograban conquistar los del Mosa y del Waal. Así, mientras los paracaidistas de las dos divisiones norteamericanas tomarían tierra en Holanda en un sólo lanzamiento, la división británica seria transportada en tres oleadas sucesivas, ya que no había más aviones disponibles. Eran muy graves los peligros que entrañaba este fraccionamiento de la división. En efecto, los hombres de la primera oleada deberían llevar a término con éxito, una doble misión: apoderarse de los puentes y proteger el aterrizaje de los que los seguirían. Y aunque se admitiera que con el primer lanzamiento se podría efectuar un ataque por sorpresa, el enemigo tendría tiempo suficiente para organizar la defensa en el intervalo de tiempo entre la primera oleada y las siguientes. 


La Operación “Market Garden”, se inició la mañana del domingo 17 de septiembre de 1944. El tiempo correspondía a las previsiones meteorológicas: vientos débiles y visibilidad buena; a las 10 horas los escasos bancos de nubes estratificadas se habían aclarado. Los soldados empezaron a ocupar sus puestos en los aviones en ocho aeródromos británicos y 14 norteamericanos, que se extendían desde Dorsetshire a Lincolnshire. Los americanos se dirigirían a sus objetivos de Grave y Nimega y los ingleses sobre Arnhem. Los Aliados creían que la amenaza más seria la representaba la artillería antiaérea y las posibles pérdidas se habían calculado alrededor del 40% de los planeadores y de los aviones de transporte. Mas la artillería antiaérea estaba muy lejos de la potencia temida y las pérdidas de aviones de transporte, de un total de 1545 aparatos y 478 planeadores, fueron muy limitadas; en cuanto a los monoplazas FockeWulf y a los Messerschmiu con que se enfrentaron, atacaron a los cazas de escolta, pero no las formaciones principales. La División 82 norteamericana de Gavin tomó tierra en las cercanías de Grave y de Nimega sin contratiempos. Uno de sus batallones, que tomó tierra a ambos lados del puente sobre el Mosa lo conquistó en una hora. Seis horas después, otras unidades de su división conquistaron un segundo puente, sobre el canal Mosa-Waal, y penetraron hacia el Este, hasta las orillas de Reichswald. La resistencia enemiga fue arrollada rápidamente y el general Gavin sólo encontró una oposición seria cuando mandó un batallón en dirección Norte, para conquistar el puente sobre el Waal. Mientras tanto, más al Sur, la División 101 norteamericana de Maxwell Taylor habla actuado con igual rapidez, obteniendo éxitos iniciales comparables a los de la División 82. Los aviones fueron objeto de un potente fuego antiaéreo mientras se aproximaban a Eindhoven, pero sufrieron pocos daños, y los norteamericanos, apenas hubieron aterrizado, avanzaron rápidamente y neutralizaron la esporádica resistencia. Conquistaron todos los puentes sobre el canal Zuid Willemsvaart, en Vechel y, aunque el puente que atravesaba el canal Wilhelmina, en Son, había sido volado por los alemanes, un regimiento paracaidista logró atravesar el canal durante la noche y avanzó hacia el Sur, penetrando en la periferia de Eindhoven y abriendo un angosto paso para las fuerzas acorazadas británicas. Habla comenzado el ataque. El general Horrocks, desde el tejado de una fábrica en las orillas del canal Mosa-Escalda, había presenciado el paso de las oleadas de aviones, y cursó al Cuerpo de Ejército XXX las órdenes para que comenzara la acción. Antes de la noche, los americanos y los ingleses enlazaron en Eindhoven: el estrecho corredor hacia Arnhem había quedado abierto hasta Nimega.

La reacción alemana
El general Willi Bittrich era el comandante del II Panzerkorps SS. Dos divisiones de este Cuerpo, la 9ª y la 10ª Panzerdivisionen, se estaban reorganizando y tomando nuevamente posiciones al norte y este de Arnhem. Otras unidades escogidas, comparables a la Hermann Goering y a los Alpen Jäger estaban estacionadas en los suburbios de la ciudad, en los bosques, en los cuarteles del Ejército holandés a lo largo de la carretera a Nimega. En la zona de Arnhem había también tres bata!Iones de infantería, muy fuertes y perfectamente adiestrados; diversos batallones FIiegerhorst, formados por personal de Aviación de los servicios de tierra; muchos miembros del personal de la Marina que había formado parte de las defensas costeras ahora abandonadas, incluyendo artilleros; SS holandeses mandados por un oficial alemán, así corno bastantes baterías antiaéreas. Sin embargo, no eran estas unidades las que constituían la verdadera amenaza para el buen resultado de la empresa de la División británica, sino los 8500 hombres de las 9ª y 10ª Panzerdivisionen de las Waffen SS, al mando del general Willi Bittrich. 

Willi Bittrich es interpretado por Maximilian Schell
Bittrich, alto, rígido, de buena presencia, dotado de una inteligencia nada común, era uno de los generales de las Waffen SS más apreciados en el Ejército alemán. Tenla gustos refinados, modales distinguidos y un agradable sentido del humor. Era también un hombre de mente muy ágil, y aquel domingo por la tarde, cuando Model llegó a su puesto de mando, hacia las 15, ya habla intuido cual era el carácter de la amenaza aliada y tomado las disposiciones necesarias para enfrentarse con ella. Un grupo táctico de la 9ª Panzerdivision SS estaba ya en marcha hacia la zona de aterrizaje, con la orden de aniquilar a las tropas enemigas que habían tornado tierra en Oosterbeek, al oeste de Arnhem. “Es necesario atacar sin dilación —añadía a la orden—. El cometido esencial es ocupar y defender el puente.” También estaban en movimiento algunas unidades de la División 10, pero en dirección a Arnhem. Bittrich había intuido inmediatamente que tan importante era impedir la previsible intención aliada de realizar el enlace con las vanguardias del Ejército 2 como destruir las tropas aerotransportadas que habían penetrado al norte del Bajo Rhin. Y como era evidente que el Ejército 2 intentarla avanzar hasta Amhem a través de Nimega, la División 10 recibió la orden de trasladarse a esta localidad. “Pronto eliminaremos la amenaza británica al norte del Bajo Rhin”, afirmaba confiadamente Bittrich. “No debemos olvidar que los soldados británicos no obran con iniciativa propia cuando combaten en poblaciones y, en consecuencia, cuando sus oficiales tienen dificultades en ejercer el mando los soldados se muestran habilísimos en la defensa, pero nada temibles en lo que se refiere al ataque”. El éxito de este plan estaba condicionado especialmente por la capacidad que tuvieran las unidades que primero establecieran contacto con los paracaidistas británicos de detener el avance inicial desde las zonas de aterrizaje. Y en este aspecto Bittrich tuvo la fortuna de poder disponer, para esta operación, de reclutas de refresco y entusiastas, formados en su mayor parte por jovenzuelos de 17 a 19 años, entre los cuales se encontraba también un batallón de reclutas de la SS, al mando del comandante Sepp Kraft. “El único modo de neutralizar un ataque aerotransportado cuando se dispone de fuerzas menores —según Kraft— era hacerle frente inmediatamente con decisión.” Y Kraft estaba decidido a llevar a la práctica su máxima. Destacó una compañía hacia las zonas de aterrizaje a fin de que se empeñase en una acción retardadora; luego, desplegó el resto de sus hombres —unos 400— en una línea defensiva avanzada a través de la carretera que llevaba a Arnhem, con la orden de resistir en las posiciones en espera de los refuerzos de la 9ª División, que intervendría con las autoametralladoras, los carros de combate ligeros y la artillería. 

Comienzan los problemas
Para los hombres de la división británica aerotransportada las desventuras empezaron inmediatamente después del aterrizaje. La 1ª Compañía Autónoma paracaidista había tomado tierra apenas sin incidentes y pudo extender por los campos las cintas de nylon colorado que señalarían el lugar a las siguientes oleadas. La artillería antiaérea enemiga sólo había abatido siete aviones de la primera oleada, pero, en cambio, se perdieron bastantes planeadores durante el trayecto, sobre, todo a causa de la rotura de los cables de remolque, y precisamente se trataba de los planeadores que transportaban casi todos los vehículos del primer escuadrón de exploración aerotransportado, el que tenla la misión de guiar el avance hacia los puentes. En vanguardia se encontraba el Batallón II de la 1ª Brigada paracaidista del general G. W. Lathbury. El teniente coronel John D. Frost, que mandaba este batallón, no dejó de advertir que los habitantes del lugar, hombres, mujeres y muchachos, se había agrupado alrededor de los soldados apenas éstos empezaron a avanzar desde las zonas de aterrizaje, y les ofrecían manzanas, Peras, tazones de leche y tazas de té. Los ingleses se retrasaban para aceptar tos regalos y para demostrar su agradecimiento a aquella población tan cordial, que creía que la guerra ya había terminado. Pero todas estas cortesías hicieron aún más lenta la marcha, ya frenada por la natural precaución de los hombres. Otra causa del retraso la constituyeron los planos, muchos de los cuales se habían compilado con una imprecisión increíble y registraban, como, se lamentó un comandante de compañía, solo una pequeña parte de las carreteras existentes. La carretera por la que se encaminaron los: hombres del coronel Frost era la más meridional de las que conducían a Arnhem y pasaba a través de Heelsum y al sur de Oosterbeek. Era también la única cuya defensa era más bien débil, a consecuencia de las contramedidas tomadas por los alemanes; pero la resistencia enemiga, aunque nada tenaz ni bien organizada, fue lo suficientemente obstinada para dificultar el avance de los ingleses, y para obligarles, de vez en cuando, a detenerse. 

El general Urquhart, cuyos aparatos de radio habían demostrado ser del todo inadecuados como medios de comunicación con los comandantes subordinados, se vio obligado a adelantarse personalmente para pedir al Batallón II que acelerase su avance. Dentro de poco caería la oscuridad y los puentes de Arnhem estaban todavía distantes. El Batallón III de la brigada de Lathbury, al mando del teniente coronel J. A. C. Fitch, se encontraba en dificultades y avanzaba lentamente, siguiendo la carretera más al Norte, que atravesaba Oosterbeek. Pero cuando llegó a una encrucijada, a unos 3 km de la ciudad (donde cayó el general Kussin, comandante alemán de la zona de Amhem, quien llegaba a toda velocidad del pueblo de Woliheze en un Citroën del Estado Mayor), la sección de cabeza, y con ella todo el batallón, se encontró sometida a un intenso fuego de los morteros pesados alemanes. El Batallón III estuvo detenido bastantes minutos en aquella posición peligrosa y expuesta a la acción mortífera de las bombas, mientras los hombres caían por todas partes, muertos o heridos por los pesados proyectiles que estallaban entre los árboles. Luego, el general Lathbury comprendió que “detenerse por más tiempo en aquella encrucijada equivalía a un suicidio” y ordenó al coronel Fitch que reanudase el avance. Pero el Batallón III no pudo llevar a cabo grandes progresos. Los hombres de Sepp Kraft, que habían recibido ya el refuerzo del grupo táctico de la División 9, se defendían bien, apoyados por un gran número de cañones autopropulsados, y en la periferia de Oosterbeek impusieron a los ingleses una nueva detención. 

En el bando alemán, no hubo un «General Ludwig». El personaje interpretado por Hardy Kruger es una composición de los generales Walter Harzer y Heinz Harmel. (Heinz Harmel no autorizó que su nombre se mencionara en la película), de la 9.ª División Panzer de la SS Hohenstaufen y la 10.ª División Panzer Frundsberg respectivamente. En la reunión entre «Ludwig» y Bittrich, justo después de los primeros aterrizajes británicos, Bittrich comenta que irá a Arnhem y que Ludwig debería ir a Nimega. En realidad, a la 9.ª SS de Harzer se le ordenó ir a Arnhem y a la 10.ª SS de Harmel, a Nimega.
Como entre tanto ya había caído la noche, Lathbury aconsejó al coronel Fitch que concediera a sus hombres un' par de horas de descanso. Se enviaron algunas patrullas de reconocimiento hacia Arnhem y se advirtió al coronel Frost que el Batallón III no debía intentar llegar al puente hasta la mañana siguiente. Pero ni siquiera el Batallón I, de la brigada de Lathbury, podría llegar al puente antes de la mañana. Al principio, este batallón, mandado por el teniente coronel David Dobie, había recibido la orden de dirigirse a las alturas al norte de Arnhem y bloquear la carretera que conducía a la ciudad. Pero, en seguida, al norte del Wofiteze, se había visto envuelto en un encarnizado combate con los medios acorazados, la artillería' y la infantería del enemigo. Después de sufrir muchísimas pérdidas, el coronel Doble comprendió que las fuerzas alemanas, situadas en las posiciones al norte de la ciudad, eran demasiado importantes para que las suyas pudieran ocuparlas, conforme preveía el plan, y dio la orden de avanzar hacia el puente apenas apuntase el alba. El coronel Frost, que mientras tanto había llegado al puente, tenía urgente necesidad del apoyo de Dobie, porque ya no contaba más que con unos 500 hombres. 

A la 3ª Compañía de Frost se la había destacado para guarnecer el puente ferroviario; pero dicho puente había saltado por los aires antes de que pudieran llegar a él; ahora la compañía se encontraba bloqueada en la ciudad, donde estaba empeñada en combate cerca de la estación ferroviaria. Con las tropas de que disponía, Frost logró situarse en el extremo septentrional del puente y ocupar los edificios situados a su alrededor. Pero dos valientes intentos de conquistar el extremo meridional habían sido rechazados. El enemigo estaba recibiendo refuerzos de infantería, artillería y de modernos carros de combate Königstiger, mientras Frost sólo tenía poquísimas esperanzas, de recibir a su vez refuerzos. El general Urquhart —él mismo lo confesaría más tarde— ya se daba cuenta de que “estaba perdiendo la iniciativa de la batalla”. Como no podía dirigir por radio las operaciones de la división, decidió permanecer con el general Lathbury, quien se encontraba con las unidades avanzadas del Batallón III. El lunes por la mañana, el batallón continuó su avance hacia Arnhem, y no tardó en verse empeñado en una violenta y desordenada batalla contra los carros de combate y los cañones autopropulsados alemanes en las cercanías del hospital católico de Santa Isabel. La confusión empeoró cuando el Batallón I del coronel Dobie, que intentaba irrumpir desde el puente, se convirtió en blanco de un intenso fuego por parte de morteros, autoametralladoras, carros de combate y tiradores escogidos, que se encontraban en las cercanías de la estación ferroviaria, cerca del hospital. “Parecía corno si los alemanes tuvieran centenares de carros de combate”, comentó un soldado inglés. “Se velan y se oían por todas partes. Tenían más morteros que nosotros y los sabían utilizar muy bien. Las granadas nos caían encima sin interrupción”. Y ya no se trataba solamente de las granadas enemigas, sino que además, en las unidades británicas se había producido tal confusión y tal fraccionamiento que ya no era posible distinguir a los amigos de los enemigos o saber en qué casas se habían atrincherado los paracaidistas británicos y en cuáles los alemanes. 


En medio de este desbarajuste, el general Lathbury fue alcanzado y paralizado por una bala que le hirió en la columna vertebral, y el general Urquhart, rodeado por los Panzergrenadier, se vio obligado a esconderse en el ático de una casa, y allí hubo de permanecer toda la noche junto con el comandante de un pelotón del Batallón III y con un oficial del Servicio de Información. Un cañón autopropulsado alemán estaba situado justamente bajo la ventana. El mando de la división pasó entonces a manos del general de brigada Hicks. El día anterior su brigada había defendido las zonas de aterrizaje; pero ahora que la brigada de Lathbury se estaba desintegrando, era evidente que su misión esencial iba a ser la de acudir en ayuda de los destacamentos que se obstinaban en el intento de llegar al puente. Hicks no podía valorar cuantas eran las unidades todavía eficaces de la brigada de Lathbury, porque, en la práctica, no existían verdaderos enlaces radio. Varios de estos aparatos habían sido destruidos y muchos de los que todavía no lo estaban eran de un tipo destinado a comunicaciones a corta distancia, poco superior a los 5 km; por ello, la recepción en el puesto de mando de la división era irregular, débil y con interferencías, y así los mensajes recibidos resultaban, la mayoría de las veces, incomprensibles. Por esta razón, cuando Hícks envió a Arnhem dos compañías del 2.° South Staffordshire Regiment, no tenía una idea precisa de la situación que encontrarían. No juzgó oportuno enviar refuerzos más consistentes porque el tiempo estaba empeorando y los aeródromos británicos se estaban cubriendo de niebla, por lo que había sido preciso aplazar el segundo lanzamiento. Hicks no se atrevía a reducir más el número de tropas que defendían las zonas de aterrizaje mientras no hubieran llegado las unidades, tan necesarias, de la 4ª Brigada paracaidista. Por su parte, Bittrich, que sabía que los ingleses efectuarían un segundo lanzamiento, porque sus hombres habían encontrado sobre el cadáver de un oficial británico una copia completa de los planes de la Operación "Market Garden", efectuó un audaz intento para obligar al enemigo a desalojar las zonas de aterrizaje.

Aquel martes fue una jornada desastrosa. Todos los ataques convergentes de las unidades que se encontraban en el interior de la ciudad fracasaron, y las pérdidas fueron muy elevadas y antes de que terminara, aquellos hombres exhaustos pudieron ver, con profunda consternación, a los aviones de la RAF que, desafiando el violento fuego de la artillería antiaérea, lanzaban los abastecimientos en las zonas establecidas, las cuales ahora estaban en manos alemanas. Al caer la noche algunos contingentes británicos siguieron combatiendo en el interior de la ciudad con empuje y valentía, pero en medio de una confusión creciente, mientras otros se retiraban, desilusionados y desmoralizados. Los coroneles de los cuatro batallones que luchaban en Arnhem hablan sido heridos o habían perdido más de la mitad de sus oficiales. Y era asimismo evidente que los hombres de Prost, agotados por el esfuerzo, ya no podrían resistir más en el puente. Sin embargo, aún resistieron todo el día y la noche siguiente. No tenían víveres ni agua, y disponían de escasas municiones. Los sótanos vados de los edificios alcanzados y ennegrecidos estaban repletos de heridos y de moribundos, y el espectáculo, entre el polvo, el humo y los escombros bañados en sangre, parecía excluir toda posibilidad de victoria. Mientras tanto, el resto de la división había formado un perímetro defensivo en forma de herradura irregular al oeste de Oesterbeek, al norte del transbordador de Heveadorp. Urquhart esperaba que si lograba resistir en aquel punto, el Ejército 2 quizá tendría la posibilidad de atravesar el río y unírsele, incluso en el caso de que Frost no consiguiera mantenerse en el extremo septentrional del puente. Todo dependía de la rapidez con que pudiera avanzar el Ejército 2. Y todo parecía justificar las esperanzas de recibir los refuerzos lo más pronto posible cuando le llegó la noticia de que los norteamericanos y los Irish Guards habían conquistado el puente de Nimega, a unos 16 km más al Sur. En efecto, al amanecer del viernes, Urquhart recibió del mando del Cuerpo de Ejército XXX una comunicación que decía: “Cursada orden División 43 correr cualquier riesgo para relevar el mismo día”. Pero los alemanes defendían aquellos 16 km entre Nimega y Amhem, con una tenacidad que rivalizaba con su habilidad. Además la única carretera a espalda de las unidades avanzadas del Cuerpo de Ejército XXX estaba expuesta a la constante amenaza de la artillería y de la infantería de Model, que se estaba reorganizando rápidamente y a la que afluían cada vez más refuerzos en hombres y medios; el avance británico se desarrollaba de manera caótica y dificultaba el transporte de las municiones, y cuando llegó el momento de solicitar el apoyo de la aviación se descubrió que los aparatos de radio con que contaban los dos únicos autos para el enlace con la RAF eran ineficaces. Todas estas causas concurrieron para hacer que el avance del Cuerpo de Ejército XXX fuese más lento de lo previsto. Urquhart, angustiado por la situación en que se encontraba su división, comprendió que sería muy difícil recibir ayuda, y a medida que pasaban las horas, la resistencia en la orilla izquierda del río se fue debilitando. En toda la línea defensiva y en la zona interior de la misma, que los alemanes llamaban “el gran caldero”, sus hombres no tenían un momento de tregua ni posibilidad de dormir. Las raciones de víveres y las municiones se habían reducido al mínimo; y no habla apenas agua ni material sanitario. Carros de combate, patrullas de infantería, tiradores escogidos y cañones autopropulsados, que disparaban granadas de fósforo, se habían infiltrado repetidamente entre los puestos avanzados, causando numerosas bajas entre los defensores exhaustos. Algunos hombres se derrumbaron completamente, pero la mayor parte combatió con tenacidad. El Border Regiment, de la brigada de Hicks, fue rechazado de las alturas en las cercanías de Westerbouwing, y cuando las condiciones atmosféricas permitieron, finalmente, el lanzamiento de la brigada polaca del general Stanisław F. Sosabowski, al sur del río, cerca de Kerk-Driel, los ingleses ya hablan tenido que abandonar el lugar. 

Sosabowsky es interpretado por Gene Hackman
La noche del viernes los polacos intentaron cruzar el río, a pesar de los grandes peligros y dificultades. Mas, el sábado, al amanecer, cuando el enemigo reanudó el bombardeo sobre “el gran caldero”, ni siquiera 50 hombres habían logrado pasar a la otra orilla. El Batallón IV del Regimiento Dorsetshire, unidad avanzada del Cuerpo del Ejército XXX, que al fin habla alcanzado el Bajo Rhin, repitió la tentativa la noche del sábado, pero también fracasó y muchos hombres resultaron muertos a bordo de las embarcaciones. El principal objetivo de este intento de cruce no era tanto el de apoyar a la división aerotransportada como el de reforzar la línea del perímetro mientras se procedía a la evacuación del mismo. Porque era evidente que la precaria cabeza de puente al norte del río ya no era defendible y se había decidido retirar los restos de la citada división aerotransportada. La evacuación empezó la noche del lunes. Los alemanes, que al principio se mantuvieron tranquilos, no tardaron en intuir lo que estaba ocurriendo y, a partir de medianoche, la retirada continuó bajo el fuego incesante de las ametralladoras y de la artillería pesada, situada en las alturas de Westerbouwing. Quince carros de combate alemanes penetraron en el interior del perímetro y, por primera vez en una semana, no encontraron resistencia. En el interior hicieron prisioneros a más de 300 heridos, y el número de los que se encontraban ya en los hospitales de campaña alemanes y en los hospitales holandeses era, por lo menos, diez veces superior. La Operación “Market Garden” habla costado la vida a más de 10.000 soldados británicos, norteamericanos y polacos, muchas más que en Normandía, más un número importante de prisioneros. Los alemanes habían perdido, entre muertos y heridos, más de 3400 hombres. 

Una meta que no se alcanzó por muy poco margen Son muchas las razones que se pueden aducir para explicar el fracaso de la operación. La menos humillante es que las matas condiciones atmosféricas, además de impedir el envío de refuerzos y de abastecimientos a las fuerzas aliadas, también impidieron bombardear y dispersar a las tropas alemanas que avanzaban hacia el sector de operaciones. Sin embargo, existen otras explicaciones más desconcertantes. Quizá era dificil prever la presencia de generales alemanes habilísimos, como eran Mode!, Student y Bittrich, en la zona inmediata a los combates y prever también que reaccionaron con rapidez tan fulminante, concentrando las fuerzas en el sector amenazado. Pero queda también el hecho innegable de que los ingleses aterrizaron en Arnhem sin contar con suficientes indicaciones. por parte del Servicio de Información aliado, sobre la resistencia que en la zona encontrarían. Además, tenían en dotación una cantidad insuficiente de aparatos para el enlace. Corno se desprende de los documentos conservados en los archivos del Ministerio de la Guerra, el alcance de los aparatos de radio de dotación a los batallones, brigadas y divisiones era casi siempre insuficiente y una parte de sus operadores no estaban debidamente adiestrados. Así, las comunicaciones por radio durante el desarrollo de la batalla fueron intermitentes o no existieron en absoluto. La escasez de aviones constituyó también, por lo menos en parte, una de las causas determinantes de la derrota británica: en efecto, la subdivisión de los lanzamientos en tres días hizo que el enemigo no sintiera jamás el peso del ataque global de toda la división aerotransportada. Si los aterrizajes se hubieran concentrado en una zona más restringida, sí el general Urquhart los hubiera efectuado más cerca del objetivo y hubiese insistido en la defensa de las alturas de Westerbouwing después de que la conquista del puente se reveló imposible, quizás la operación habría concluido victoriosamente. No obstante, nadie puede afirmarlo con certeza. En cambio, la elección de la dirección de ataque no había sido un error. Una rápida y victoriosa conclusión de la Operación «Market Garden», seguida de una ofensiva contra las defensas alemanas a lo largo del Escalda, habría tenido consecuencias incalculables. Según palabras de Churchill, fue “una gran meta casi al alcance de la mano”. Pese a todo, la operación no fue un fracaso total, pues permitió la conquista de los pasos del Mosa y del Waal junto con aquello que el general Kurt Student definió corno “un excelente trampolín de lanzamiento desde el cual desencadenar el ataque definitivo contra Alemania”. Y aunque no se pudo lanzar un ataque definitivo tan pronto como se habla esperado, todos comprendían que el día de realizarlo no estaba lejos.